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Entrevistamos a Walter R. Smith, CEO de EZER Seguridad, él no se presenta como un “evangelizador” de la tecnología. Todo lo contrario: su historia es la de muchas pymes familiares de seguridad privada en Argentina. Una empresa nacida y consolidada en vigilancia física, con foco en el capital humano y el vínculo directo con el cliente, que con el paso del tiempo se vio obligada a evolucionar para brindar una protección real, completa y sostenible.

“Durante años ofrecíamos, en parte, una cáscara: mucha presencia, pero con pocas herramientas para dar una cobertura integral”, reconoce. Y esa frase condensa el punto de inflexión: entender que la seguridad no se agota en poner un vigilador, sino en diseñar un sistema donde lo humano y lo tecnológico se potencien.

Una pyme familiar con ADN de servicio

Ezer Seguridad Privada S.A. es una empresa chica, familiar, con raíces operativas claras y una cultura fuerte de cercanía. Smith, licenciado en Ingeniería Comercial y profesor de Seguridad Privada en la Universidad Católica de La Plata, cuenta que ingresó a la compañía cuando compró la participación de su cuñada, tomando un rol más activo en la gestión.

La empresa —activa desde 2001— se consolidó históricamente en vigilancia física, y uno de sus diferenciales es la gestión del capital humano: Walter comenzó trabajando como vigilador y recorrió todos los escalones de la actividad antes de convertirse en empresario. Ese recorrido se tradujo en una forma de conducción basada en respeto, reconocimiento y pertenencia.

El resultado no es menor: un promedio de antigüedad del personal que supera los 12 años, un indicador poco habitual en un sector con alta rotación.

El punto de quiebre: cuando el cliente empuja la transformación

La incorporación de tecnología no llegó por moda. Llegó por necesidad. Y, en especial, por presión del cliente.

“Un cliente me dijo: ‘Si vos no lo contratás, lo vamos a contratar por otro lado’”. Esa frase disparó una decisión: inmersión total. Aunque no fuera fácil.

Smith lo plantea sin maquillaje: aprender tecnología cuesta, requiere tiempo, inversión y energía, sobre todo cuando venís de un modelo de seguridad tradicional. Pero también entendió algo clave: sin tecnología, la vigilancia física pierde capacidad preventiva y probatoria.

De cero a un stack tecnológico completo

La evolución se dio por etapas.

Primero, el perímetro: cercos eléctricos y cable microfónico, con todo lo que implica en calibración, falsas alarmas y puesta a punto. Luego el salto a videovigilancia, armado de centros de monitoreo, incorporación de videoverificación y la exploración del universo de alarmas domiciliarias (que, según explica, aún está en proceso de consolidación por falta de tiempo y de recursos técnicos especializados).

Hoy, el foco está puesto en lo que está funcionando con resultados concretos:

● Videovigilancia

● Videoverificación

● Controles perimetrales de distintas naturalezas

● Integración operativa entre lo humano y lo electrónico

La lógica no es “tecnología por tecnología”. Es tecnología aplicada a una idea: más capacidad de prevención, mejor respuesta y evidencia de calidad.

Lo que una empresa chica hace mejor: inmediatez y relación directa

En un mercado donde muchas grandes estructuras se vuelven lentas, Ezer juega con un atributo que Walter valora como diferencial competitivo: la inmediatez.

El vínculo con el cliente es directo. Sin capas intermedias. Sin burocracia.

“Me llaman 24 horas, 365 días del año. Esté donde esté, contesto. Y resuelvo.”
Esa dinámica, asegura, genera un nivel de confianza difícil de lograr en empresas grandes, donde las decisiones pasan por áreas, comités y tiempos que pueden volverse incompatibles con una necesidad urgente.

En seguridad, muchas veces la diferencia no es el equipamiento. Es la velocidad.

El desafío más grande: cambiar la mentalidad del cliente

Para Smith, el gran obstáculo no fue solo entender la tecnología. Fue lograr que el cliente también la entienda.

El problema es cultural: todavía hay organizaciones y familias que piensan que la seguridad es un gasto. No una inversión.

“Estamos hablando del cuidado del patrimonio… y de lo más preciado: el hogar y la familia. Pero igual cuesta muchísimo que lo entiendan.”

Lo interesante es que Smith no lo plantea desde el discurso comercial, sino desde la experiencia propia: si al principio a él le costó comprender el valor real de estas herramientas, era lógico que al usuario final también le sucediera.

Entre marcas y usuarios: un eslabón que queda solo

Otro punto que aparece con fuerza en su relato es la brecha entre lo que las marcas prometen y lo que el integrador o empresa de seguridad necesita para cerrar proyectos.

Walter reconoce que muchas marcas ofrecen soporte y materiales, pero en la práctica faltan cosas muy concretas:

● Esquemas de demo accesibles (alquiler o préstamo con garantía)

● Acompañamiento técnico en presentaciones críticas

● Equipos para mostrar valor antes de la compra

En su caso, para dos demos tuvo que comprar cámaras y equipamiento para poder demostrar, recién ahí, el impacto real de la inversión. Después sí: adquirió el resto al partner.

En otras palabras: el mercado todavía no termina de resolver el “puente” entre tecnología avanzada y adopción real en el cliente final.

IA, identificación y el nuevo dilema: seguridad vs. miedo a los datos

Cuando la conversación entra en inteligencia artificial, Smith plantea algo que muchos integradores también observan: hoy la tecnología puede… pero el usuario duda.

Menciona el caso de sistemas de enrolamiento como OpenKey, donde aparecen resistencias fuertes a entregar datos, fotos o registros. El freno no es técnico: es confianza, percepción, temor a la trazabilidad.

Sin embargo, desde la lógica de protección en comunidades, ve un potencial enorme:

● Enrolamiento de residentes y visitas

● Identificación más rápida de no enrolados

● Mejora en búsquedas y trazabilidad ante incidentes

● Ordenamiento interno (incluyendo controles simples como velocidad y patentes)

Lo que está en juego es un cambio de época: más tecnología requiere más pedagogía, más transparencia y más diseño de políticas de uso.

No existe “una” tecnología: el futuro es un sistema de herramientas

Como cierre, Smith evita el lugar común de elegir “la tecnología estrella”. Para él, lo que viene no es un dispositivo, sino un conjunto de herramientas integradas.

Y deja una visión concreta: el futuro está en la convergencia entre:

● Videovigilancia

● Analítica e inteligencia artificial

● Robótica aplicada a seguridad

● Plataformas que operen sobre datos reales, no intuiciones

En ese escenario, la seguridad privada deja de ser presencia y reacción. Pasa a ser detección, anticipación y evidencia, con capital humano fortalecido por tecnología.

Ezer hoy: una pyme que se moderniza sin perder lo esencial

La historia de Ezer Seguridad Privada no es la de una empresa que se “digitalizó” para quedar bien. Es la de una pyme que entendió que la seguridad moderna se construye con dos pilares:

● Personas (gestión, estabilidad, respuesta inmediata, relación humana)

● Tecnología (perímetro, video, monitoreo, verificación, IA)

El desafío, como resume Smith, es el mismo para todo el sector: evolucionar sin perder identidad. Y demostrarle al cliente que proteger no es un gasto: es una decisión estratégica.

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