Control de accesos es uno de los segmentos históricos de la seguridad electrónica que más está cambiando. Las credenciales móviles, la biometría y la gestión de identidades están transformando su funcionamiento. La tarjeta física no desaparece, pero empieza a compartir protagonismo con el smartphone y nuevas formas de validar quién puede ingresar, dónde y cuándo.

Durante décadas, la tarjeta fue prácticamente sinónimo de control de accesos.

Una credencial plástica, un lector junto a la puerta y una base de datos que determinaba quién podía ingresar. El modelo sigue plenamente vigente, pero la industria empieza a incorporar otra posibilidad: que la credencial que abre una puerta ya no esté necesariamente dentro de una billetera.

Puede estar dentro del celular.

El cambio no consiste simplemente en reemplazar una tarjeta por un smartphone. Detrás aparece una transformación más profunda: el control de accesos empieza a pasar de administrar tarjetas a administrar identidades.

Control de accesos : el celular se convierte en credencial

Una credencial móvil permite que un teléfono inteligente —y en algunos casos también un reloj u otro dispositivo wearable— sea utilizado para identificarse frente a un lector.

Dependiendo de la tecnología empleada, la comunicación puede realizarse mediante NFC, Bluetooth Low Energy (BLE) u otras tecnologías inalámbricas.

Para el usuario, la experiencia puede ser muy sencilla: acercar el teléfono al lector o incluso ingresar sin necesidad de sacar una tarjeta física.

Pero para quien administra el sistema aparece otra ventaja importante.

La credencial puede entregarse, modificarse o revocarse digitalmente.

Un nuevo empleado podría recibir su acceso sin pasar previamente por una oficina para retirar una tarjeta. Y si deja de trabajar en la organización, sus permisos pueden eliminarse desde el sistema.

Lo mismo puede aplicarse a visitantes, proveedores o personal temporal.

Un nuevo estándar puede acelerar el cambio

En febrero de 2026, la Connectivity Standards Alliance presentó Aliro 1.0, un nuevo estándar desarrollado específicamente para credenciales digitales y control de accesos.

La iniciativa resulta especialmente relevante porque participan empresas vinculadas tanto al mundo del control de accesos como al ecosistema móvil, entre ellas Apple, Google, Samsung, ASSA ABLOY, HID, Allegion y distintos fabricantes tecnológicos.

Aliro contempla el uso de NFC, Bluetooth LE y UWB, y busca establecer un lenguaje común entre teléfonos, dispositivos portátiles y lectores de diferentes fabricantes.

El objetivo apunta a resolver uno de los desafíos que históricamente enfrentaron las credenciales móviles: la interoperabilidad.

Hasta ahora, buena parte de las soluciones dependía de ecosistemas propietarios. La aparición de estándares comunes puede facilitar que una misma tecnología pueda utilizarse en oficinas, hoteles, universidades, edificios residenciales y otros entornos.

Para los integradores, esto también es relevante: un mercado con mayor interoperabilidad puede reducir la complejidad de integrar hardware y software de diferentes proveedores.

control de accesos

¿Significa que desaparece la tarjeta?

Por ahora, no.

Y los propios datos de la industria muestran que la transición probablemente sea gradual.

El Informe 2026 sobre el Estado de la Seguridad y la Identidad de HID, realizado sobre más de 1.500 profesionales de seguridad, tecnología, usuarios finales y socios del sector, revela que el 84% de los usuarios que implementan credenciales móviles todavía mantienen también credenciales físicas.

Es decir: el escenario actual es principalmente híbrido.

La tarjeta continúa teniendo ventajas evidentes. No requiere que el usuario tenga determinado teléfono, batería disponible ni conocimientos tecnológicos y sigue siendo una alternativa simple para muchos entornos.

Pero el celular comienza a sumar una opción que antes no existía.

El mismo estudio señala que el principal motivo para adoptar credenciales móviles ya no es solamente la comodidad: el 50% de los encuestados mencionó mejoras en seguridad, frente al 34% que señaló la conveniencia.

La discusión, entonces, no parece ser simplemente tarjeta versus celular.

Probablemente durante bastante tiempo la respuesta sea: ambos.

Control de accesos : la biometría agrega otra capa

El segundo gran cambio aparece cuando la credencial deja de ser un objeto y pasa a ser una característica de la propia persona.

Huella digital, reconocimiento facial o iris permiten vincular el acceso directamente con una identidad.

Según el mismo estudio global de HID, el 45% de los participantes considera estratégicas las tecnologías biométricas, con la huella digital y el reconocimiento facial entre las modalidades más utilizadas.

Pero ahí aparece una discusión que el instalador y el integrador ya no pueden ignorar: la privacidad.

En Argentina, la información biométrica utilizada para identificar a una persona —como una huella digital, el reconocimiento facial o el iris— es considerada un dato personal y se encuentra alcanzada por la legislación de protección de datos.

Por eso instalar un lector biométrico no debería reducirse únicamente a conectar un dispositivo y configurarlo.

También importa saber dónde se almacenan esos datos, quién puede acceder a ellos, cómo están protegidos y qué ocurre cuando una persona deja de formar parte de la organización.

La tecnología amplía las posibilidades del control de accesos, pero también amplía las responsabilidades.

De controlar puertas a gestionar identidades

Tal vez ahí esté el verdadero cambio.

El control de accesos tradicional respondía una pregunta bastante concreta:

¿Esta tarjeta puede abrir esta puerta?

Los sistemas actuales empiezan a responder algo mucho más amplio:

¿Quién es esta persona, a qué puede acceder, durante qué horario, desde qué lugar y bajo qué condiciones?

Una misma identidad puede relacionarse con una puerta física, una computadora, una aplicación, un estacionamiento o distintos edificios de una organización.

De hecho, el informe de HID señala que el 73% de los encuestados ubica la gestión de identidades entre sus principales prioridades de seguridad y que el 75% ya implementó o está evaluando plataformas que buscan converger identidades físicas y digitales.

Eso coloca al control de accesos cada vez más cerca del mundo de IT.

Una oportunidad para el instalador y el integrador

Durante mucho tiempo, una instalación podía pensarse alrededor de lectores, controladoras, cerraduras, fuentes y credenciales.

Todo eso seguirá existiendo.

Pero al negocio se incorporan ahora otros conocimientos: redes, software, plataformas cloud, ciberseguridad, aplicaciones móviles, interoperabilidad y protección de datos.

El integrador que entienda esa transformación podrá ofrecer algo más que una puerta controlada.

Podrá administrar altas y bajas de usuarios, accesos temporales, múltiples sedes, visitantes, integraciones con video, alarmas y otras plataformas utilizadas por la organización.

Y posiblemente allí aparezca una nueva oportunidad comercial.

Porque cuando el control de accesos deja de ser solamente hardware instalado en una puerta y pasa a convertirse en una plataforma que administra identidades, también cambia el valor del servicio que puede ofrecer el integrador.

La tarjeta de plástico no parece estar a punto de desaparecer.

Pero ya no está sola.

Y quizás esa sea la mejor manera de entender lo que está ocurriendo: el futuro del control de accesos no consiste simplemente en cambiar una tarjeta por un celular.

Consiste en cambiar la forma en que pensamos quién tiene permiso para entrar.

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