Con más de 15 años de trayectoria en Córdoba, El Centinela construyó su negocio alrededor de la seguridad física y hoy comienza a transitar una nueva etapa. Víctor Córdoba, fundador y presidente de la compañía, analiza el avance de la tecnología, los cambios en el perfil del personal de seguridad y la incorporación de una nueva generación a la conducción de la empresa.
El Centinela nació en Córdoba en abril de 2010 con una propuesta centrada principalmente en los servicios de seguridad física. Desde entonces, la compañía fue desarrollando operaciones en distintos sectores, con una presencia particularmente fuerte dentro del ámbito educativo.
“Hoy nuestro fuerte en Córdoba es la parte educativa. Tenemos varios colegios conocidos de la provincia”, explica Víctor Córdoba, fundador y presidente de El Centinela.
La empresa presta servicios en distintos puntos de la provincia y trabaja también con clientes industriales, comerciales y logísticos. Su modelo se apoya en la profesionalización del personal, el cumplimiento de las normativas y una prestación adaptada a las características de cada establecimiento.
Pero el mercado que encontró El Centinela al comenzar su actividad hace más de una década ya no es el mismo.
Córdoba observa que la seguridad electrónica está ocupando un espacio cada vez mayor dentro de soluciones que históricamente dependían casi exclusivamente de personal presencial.
“Hoy la tecnología está ganando mucho terreno porque es confiable. Las cámaras han mejorado mucho y la tecnología también ha avanzado muchísimo”, señala.
El cambio resulta especialmente visible en segmentos como los consorcios, donde el peso del costo de la seguridad física obliga a administradores y propietarios a evaluar otras alternativas.
Para Córdoba, soluciones como videovigilancia, monitoreo remoto, control de accesos y tótems de seguridad pueden comenzar a complementar o, en determinadas posiciones, modificar el esquema tradicional de vigilancia.
“Creo que es hacia donde vamos, sobre todo en los consorcios. Hay una diferencia importante de costos entre la seguridad física y la electrónica y, si la tecnología brinda un resultado satisfactorio, permite también mejorar los costos de las expensas”, sostiene.
Esto no implica necesariamente la desaparición del personal de seguridad, sino una transformación de sus funciones.
Un nuevo perfil para el personal de seguridad
La incorporación de tecnología también obliga a las empresas de seguridad física a capacitar a sus propios equipos.
“Nosotros nos tenemos que adaptar y capacitar al personal para utilizar esas herramientas”, explica Córdoba.
El perfil del vigilador también cambió.
Según el empresario, durante muchos años la actividad estuvo asociada principalmente con personas de mayor edad o personal retirado de fuerzas de seguridad. Actualmente ingresan trabajadores mucho más jóvenes, acostumbrados desde su vida cotidiana al manejo de aplicaciones, dispositivos móviles, cámaras y otras plataformas digitales.
“Hoy tenemos chicos de 21 años en adelante trabajando en seguridad y la tecnología les resulta mucho más familiar”, destaca.
Esa familiaridad facilita el desarrollo de un modelo en el cual el vigilador deja de ser solamente una presencia física para convertirse también en operador y usuario de diferentes sistemas tecnológicos.
El Centinela: Seguridad física y electrónica, cada vez más cerca
El Centinela comenzó a incorporar algunas soluciones tecnológicas mediante alianzas y servicios tercerizados, mientras analiza cómo avanzar hacia una integración mayor.
Para Córdoba, el futuro de las empresas tradicionales del sector estará precisamente en la capacidad de combinar personas y tecnología de acuerdo con las necesidades de cada cliente.
La ecuación puede variar según el establecimiento: habrá posiciones donde siga siendo indispensable contar con presencia humana, mientras que otras podrán apoyarse cada vez más en cámaras, sistemas de alarma, control de accesos, comunicación remota o monitoreo.
El desafío para las empresas será determinar cuál es la combinación adecuada entre ambos mundos.
Una nueva generación prepara el futuro de El Centinela
La transformación tecnológica coincide además con otro proceso dentro de la compañía: la preparación de una nueva generación para participar en su conducción.
Gonzalo Córdoba, hijo mayor del fundador, estudia una diplomatura en Seguridad Privada en la Universidad Blas Pascal y comenzó a involucrarse en el análisis de nuevas tecnologías y posibles alianzas con empresas del sector.
“Yo estoy mucho más enfocado en la parte física y él está viendo cómo ensamblar la parte tecnológica y cómo seguir avanzando en el rubro”, explica Víctor Córdoba.
La idea es que Gonzalo vaya adquiriendo progresivamente responsabilidades dentro de la empresa y pueda, en el futuro, asumir su dirección.
Más que un simple recambio generacional, Córdoba observa este proceso como una oportunidad para preparar la compañía para una actividad que cambia rápidamente.
Mientras una generación aporta la experiencia acumulada en operaciones, personal y seguridad física, la siguiente empieza a analizar herramientas digitales, integración y nuevos modelos de prestación.
Adaptarse para seguir siendo una empresa de seguridad
Después de más de 15 años de actividad, El Centinela enfrenta así un desafío compartido por buena parte del sector.
Las cámaras son cada vez más inteligentes, el monitoreo remoto permite intervenir a distancia, los sistemas de control de accesos se automatizan y los clientes buscan reducir costos sin resignar niveles de protección.
Frente a ese escenario, la discusión parece dejar de ser seguridad física versus seguridad electrónica.
El verdadero desafío pasa por encontrar la combinación adecuada entre personas, procesos y tecnología.
Y para empresas nacidas alrededor de la vigilancia tradicional, como El Centinela, adaptarse a esa convergencia puede convertirse en una de las claves para los próximos años.





