La inteligencia artificial ya permite generar y modificar imágenes con un nivel de realismo cada vez mayor. Ahora ONVIF presentó un nuevo estándar para verificar el origen y la integridad del video de seguridad. El cambio abre una discusión que involucra a cámaras, VMS, integradores y al propio valor de una grabación como evidencia.

Durante décadas hubo una premisa prácticamente indiscutida en videovigilancia:

si una cámara había grabado un hecho, esas imágenes mostraban lo que realmente había ocurrido.

Podía discutirse la calidad de la grabación, el ángulo de la cámara, la resolución o incluso si era posible identificar correctamente a una persona.

Pero existía una confianza básica sobre el archivo.

El video estaba ahí.

Y, salvo una manipulación relativamente evidente, se asumía que era auténtico.

Los deepfakes y la videovigilancia empiezan a poner esa certeza bajo presión.

La inteligencia artificial generativa permite crear, modificar y reconstruir imágenes y videos con un nivel de realismo que hace cada vez más difícil determinar visualmente si un contenido fue alterado.

Y para la industria de la seguridad electrónica esto plantea un problema mucho más profundo que la generación de imágenes falsas en redes sociales.

¿Qué ocurre cuando una grabación debe utilizarse como evidencia?

Deepfakes y videovigilancia: ya no alcanza con ver el video

ONVIF acaba de dar una señal importante sobre hacia dónde puede avanzar la industria.

El 26 de agosto de 2026 presentó la versión candidata de su Media Signing Add-on, un mecanismo estandarizado diseñado para confirmar dos características fundamentales de una grabación de videovigilancia:

su origen y su integridad.

La diferencia entre ambos conceptos es importante.

La autenticidad permite verificar de qué fuente provino el video.

La integridad permite comprobar que el contenido no fue modificado después de ser generado.

La propuesta consiste en incorporar una firma criptográfica al video desde el momento de su creación o codificación.

Es decir, la protección no comienza cuando alguien exporta una grabación desde un VMS.

Empieza en la propia fuente de video.

Una especie de huella digital para la grabación

El concepto puede entenderse de una manera relativamente sencilla.

Cuando una cámara compatible genera el video, agrega información criptográfica que queda asociada a ese contenido.

Posteriormente, un sistema compatible puede verificar esa firma y determinar si la grabación conserva las mismas características que tenía cuando fue generada.

Si alguien modifica el contenido firmado, la verificación puede detectarlo.

La especificación actualmente contempla video codificado en H.264 y H.265 y, en esta primera etapa, se aplica al video en vivo. El audio todavía no está incluido en el alcance actual del estándar.

No se trata simplemente de agregar una marca de agua visual.

Estamos hablando de aplicar principios criptográficos similares a los utilizados para comprobar la autenticidad de documentos y comunicaciones digitales.

Deepfakes y videovigilancia: el problema llega a la seguridad electrónica

Durante los últimos años hablamos mucho sobre cómo la inteligencia artificial está aumentando las capacidades de las cámaras. Hace frío no sigue trabajando qué está haciendo usted

Detección de personas.

Clasificación de vehículos.

Reconocimiento facial.

Búsquedas inteligentes.

Análisis de comportamiento.

Conteo y generación de metadatos.

Como ya venimos analizando en InfoSeguridad, la videovigilancia está dejando de ser solamente un sistema de grabación para convertirse en una plataforma capaz de interpretar información y automatizar respuestas.

Pero la misma evolución de la inteligencia artificial genera ahora el problema inverso.

La tecnología no solamente puede analizar imágenes.

También puede crearlas.

Y puede modificarlas.

Eso significa que el desafío empieza a pasar de una pregunta conocida:

¿Qué puede detectar esta cámara?

a otra bastante más incómoda:

¿Cómo demostramos que el video que estamos viendo realmente salió de esa cámara y no fue alterado después?

Una grabación puede pasar por muchas manos

El problema se vuelve todavía más evidente cuando pensamos qué ocurre con un video después de ser grabado.

Puede quedar almacenado en un NVR.

Puede pasar a un servidor.

Puede ser administrado por un VMS.

Puede almacenarse en la nube.

Después puede ser exportado.

Copiado.

Enviado por correo.

Compartido con una compañía de seguros.

Entregado a un abogado.

Analizado por un perito.

O incorporado a una investigación judicial.

Cada uno de esos pasos aumenta la importancia de poder determinar qué ocurrió con el archivo.

Según ONVIF, un video correctamente firmado puede copiarse, exportarse o compartirse sin perder necesariamente su capacidad de verificación, siempre que los datos firmados y la información necesaria para comprobarlos permanezcan intactos.

Ese punto puede resultar especialmente relevante para aplicaciones donde las grabaciones tienen valor probatorio.

No reemplaza la cadena de custodia

Hay una aclaración importante.

La firma criptográfica no elimina la necesidad de mantener procedimientos adecuados para preservar una evidencia.

ONVIF señala expresamente que esta tecnología está diseñada para complementar y no reemplazar los procesos de cadena de custodia.

Porque existen dos preguntas diferentes.

Una es:

¿este video fue modificado desde el momento en que fue firmado?

La otra:

¿quién tuvo acceso al material, cómo fue almacenado, quién lo entregó y bajo qué procedimiento?

La tecnología puede ayudar enormemente con la primera.

La segunda continúa requiriendo procedimientos, registros y responsabilidades.

Tampoco es un detector mágico de deepfakes

Otro punto importante es evitar una interpretación exagerada.

El Media Signing Add-on no funciona simplemente analizando cualquier video y diciendo:

“esto es un deepfake”.

Su enfoque es diferente.

Busca permitir que una fuente confiable firme criptográficamente el video desde su generación y que posteriormente pueda verificarse esa firma.

Por lo tanto, su verdadero valor está en construir una cadena de confianza desde la cámara hasta el momento en que las imágenes necesitan ser utilizadas.

Esto cambia bastante la lógica.

En lugar de intentar descubrir posteriormente si una imagen parece falsa, se intenta demostrar técnicamente cuál fue su origen y si permaneció intacta.

La cámara y el VMS tendrán que trabajar juntos

Para que este modelo funcione no alcanza únicamente con la cámara.

ONVIF contempla diferentes actores dentro del proceso.

Una cámara, encoder u otra fuente compatible debe poder generar video firmado.

Pero del otro lado también tienen que existir clientes capaces de reconocer esa función, configurarla, recibir la información correspondiente y posteriormente verificarla.

Eso involucra directamente a los sistemas de gestión de video, plataformas de grabación, herramientas forenses y servicios cloud.

Por eso la verdadera importancia de que aparezca un estándar abierto está en la interoperabilidad.

Si cada fabricante implementara un método completamente propietario para demostrar la autenticidad de sus imágenes, verificar grabaciones provenientes de diferentes sistemas podría volverse extremadamente complejo.

ONVIF intenta generar precisamente un mecanismo común.

Qué cambia para el integrador

Hoy probablemente ningún cliente residencial pregunte antes de comprar una cámara:

“¿Este video tiene firma criptográfica?”

Pero en determinados proyectos la pregunta puede empezar a aparecer mucho antes de lo que imaginamos.

Bancos.

Industria.

Gobiernos.

Centros logísticos.

Comercios.

Seguros.

Infraestructura crítica.

Empresas que realizan investigaciones internas.

Organismos donde las imágenes pueden terminar formando parte de un proceso legal.

En esos escenarios, el valor de una solución de videovigilancia podría dejar de medirse solamente en resolución, almacenamiento o capacidad analítica.

También podría empezar a evaluarse algo más:

qué tan confiable puede demostrarse que es la evidencia generada por ese sistema.

Para el integrador aparece entonces un nuevo criterio de diseño.

No solamente habrá que preguntarse cuánto tiempo graba el sistema o qué analíticas soporta.

También habrá que empezar a mirar cómo protege la integridad de la información que genera.

Todavía no es una especificación definitiva

El Media Signing Add-on se encuentra actualmente en estado Release Candidate.

Los miembros de ONVIF ya pueden acceder a la especificación y a herramientas de prueba para comenzar a desarrollar y validar implementaciones.

La organización espera publicar la especificación final hacia fines de 2026.

Esto significa que todavía estamos viendo el comienzo del proceso.

No todos los equipos actuales incorporarán necesariamente esta tecnología y tampoco significa que desde mañana todas las instalaciones deban utilizar video firmado.

Pero la existencia del estándar muestra claramente que la industria está empezando a prepararse para un nuevo problema.

Deepfakes y videovigilancia: de cámaras inteligentes a videos confiables

La inteligencia artificial está transformando profundamente la videovigilancia.

Primero convirtió a las cámaras en dispositivos capaces de interpretar lo que observaban.

Ahora está obligando a la industria a pensar cómo demostrar que aquello que observamos realmente ocurrió.

Durante años, una grabación fue considerada evidencia principalmente porque provenía de una cámara.

En un mundo donde generar o modificar video resulta cada vez más sencillo, esa condición podría dejar de ser suficiente.

La próxima generación de sistemas de videovigilancia probablemente no tendrá solamente que producir mejores imágenes.

También tendrá que demostrar que esas imágenes son auténticas.

Y quizás ahí aparezca una de las próximas grandes funciones que deberán empezar a conocer instaladores e integradores:

no solamente grabar el video, sino poder probar de dónde salió y que nadie lo modificó.

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